Columna de opinión
Irónica felicidad
Para
muchos, la felicidad es algo abstracto como físico. Es interpretada de formas
diferentes alrededor del mundo. Para algunos, la felicidad es obtener la
plenitud de lo que la “sociedad” espera, para otros, es simplemente sentirse
bien consigo mismo. Pero, cuando nos preguntan ¿qué te hace feliz?... La
contestación es más difícil que tomar un examen de la clase que nunca
comprendiste.
En
mi último viaje a República Dominicana, la palabra felicidad se mantuvo en mi
cabeza hasta que llegué a Puerto Rico. Se mantuvo en mis viajes a la playa,
cuando compartía con la familia, cuando degustaba un plato típico elaborado con
mucho amor, cuando veía a los niños jugar en las calles... La veía manifestada
en diferentes formas, colores y sabores. Desde que cantaba el gallo, los
ciudadanos sentían la felicidad de estar con vida nuevamente. A otros, les
llegaba mientras el sol bajaba su resplandeciente ardor, pero siempre hay uno del
grupito que no logran la dicha de estar feliz, bueno así lo creen.
Luego
de despedirnos del chiquillo y partir a casa, observé por el espejo a aquel
inocente con una sonrisa en su rostro, otros niños alrededor de él
felicitándolo y todos riendo en comparsa. Era la felicidad de que fuimos las
primeras en comprarle una funda de maní. Ahí caí en cuenta. La felicidad es una
ironía de la vida.
La
felicidad es como una sombra. Cuando está obscuro no la podemos ver y puede ocasionar
infelicidad entre aquellos que no rebuscan en los pequeños detalles. Para
otros, se encuentra en un simple gesto; una sonrisa, un abrazo y una mirada.
Tiene tantas interpretaciones, que cuando menos lo esperamos gritamos a los
cuatro vientos: ¡Estoy feliz!

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